Tras despertar desorientada, Rut inicia un recorrido íntimo guiado por una joven y dos abuelas que la introducen en un camino espiritual al sumaj kawsay. En este viaje por el territorio, el aprendizaje, el compartir y la música se vuelven parte de un lenguaje que la invita a recordar lo que su cuerpo parece haber olvidado. Entre ofrendas y momentos compartidos, y a través de la danza, el ritmo pujllay y el canto, Rut fortalece su ajayu y renace entre mujeres, comunidad, memoria y el buen vivir.